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miércoles, 20 de marzo de 2013

"Del Servicio" cuento cómico en versos por Eduardo Gómez de la Mata







Capítulo 56




DEL SERVICIO



                (Cuento cómico. Primer premio del Certamen literario celebrado en La Línea el día 4 de enero de 1920)












E. GÓMEZ DE LA MATA.





 Antonio Cruz de los Santos



martes, 19 de marzo de 2013

Solicitud del Cronista Oficial, con motivo del aniversario del Descubrimiento de América.












Capítulo 55





           Solicitud que dirige al Excmº Ayuntamiento de La Línea el Cronista Oficial, don Guillermo Sánchez Cabeza a fin de que organice actos culturales con motivo del aniversario del Descubrimiento de América.



            Al Ayuntamiento.

    El que suscribe, vecino de esta ciudad Cronista de la misma, honor que le concedió esa Corporación hace ya dos años aproximadamente, después de pasar y repasar nuestras leyes buscando no invadir atribuciones y de consultar su conciencia, al Ayuntamiento se atreve hacer la proposición siguiente:

    La cultura de los miembros que constituyen el Cabildo Municipal afirma, como yo, que la unión espiritual de los pueblos se hace con el intercambio de afectos.

    El que suscribe se honra mucho con el título de Cronista de esta ciudad, no ya por ser concedido de Corporación tan distinguida, sino porque le ha proporcionado el placer de contar a generaciones futuras la labor heroica y grandiosa de sus antepasados; heroísmo y sublimidades propias de estos tiempos en que la fecundidad en el trabajo es la más esplendorosa de las virtudes; el humo que despiden las chimeneas de las fábricas es el más exquisito de los perfumes; el grito arrancado de yunque y el lamento salido de las sirenas de las máquinas forman el concierto más armonioso de los tiempos.

    Nuestro país decayó hace siglos. Decadencia tanto más profunda cuanto más avanza el tiempo, porque jamás se le habló al pueblo con la verdad de la Historia, ya que la actualmente escrita son alabanzas o murmuraciones de los cortesanos para engreír o disgustar a los reyes, o cantos a proezas de las fuerzas armadas.

    La ciudad de La Línea ostenta el mérito de debérselo todo a sí misma y de ser fruto de la necesidad que, según Pitágoras, es la que hace la más invencible de las fuerzas.

    El desarrollo de esta población, por lo rápido y lo inmenso, parece milagroso. El número de escuelas públicas y particulares suman setenta y dos revelan las aspiraciones de no padecer el espíritu local hambres de luz que es el pan del alma.

    Al verificarse en mil ochocientos noventa y dos el cuarto centenario del glorioso descubrimiento de America, por el inmortal genovés Cristóbal Colon, decididamente, auxiliado por aquella admirable reina Isabel la Católica, el inolvidable Canovas del Castillo puso a la firma de la madre de nuestro actual monarca –Dama Madre de los Dolores y espejo de virtudes- un Real Decreto haciendo fiesta nacional el mismo día que el famoso escardador de lana descubría un nuevo mundo, entrando allí con la cruz del cristianismo como queriendo decir que sus brazos estaban abiertos porque esperaban estrechar a esa parte desconocida de la Humanidad.

    Aquel R. D. ha pasado desapercibido hasta ahora que lo reproduce el actual Gobierno.

    Pescadores, científicos, literatos poetas, políticos a la moderna, todos se mueven, todos se agitan llevando cada uno la luz que ha de encender las luminarias de la casa del Hijo Pródigo, a la celebración de la vuelta al hogar del amor, de la constitución de la familia.

    Ningún pueblo como La Línea tiene más motivos para celebrar estas fiestas. Si fuéramos a sorprender la correspondencia de cada hogar encontraríamos más sellos americanos que españoles; si pudiéramos escuchar episodios de la vida de cada habitante, nos asombraría comprobar que nuestros vecinos saben más de America que de España. Y es que pueblos de construcción espiritual a la moderna aman la aventura, e igual que muchos pájaros emigran buscando climas adaptables a su naturaleza.

    De La Línea han salido millares y millares a aquellas tierras hermosas, y no hay padre aquí que no se acuerde de sus hijos que allá enaltecen nuestra ciudad, ni que al besar no empujan ese vahído de amor hacia aquellas tierras descubiertas por el talento de Colón.

    La actual guerra que dolorosamente, creen los observadores, no ha de tener el humano y saludable fín que los filósofos esperaban, nos enseña que la idea reúne más fuerza que el cañón, y que la pluma alcanza más conquistas que la espada. Asombrosas hazañas ha hecho la pólvora, pero más grande han sido las proezas de la prensa. En esta terrible guerra en la que creyose se consumirían los últimos cartuchos de la violencia, se ha gastado más en papel escrito para la conquista del alma, que en material de combate. Al fin, Pedro, sin armas y sin soldados, sólo con su inspiración y su ideal, resucita para vencer a Nerón repleto de elementos de guerra y contando con la ferocidad de un pueblo.

    La Línea ha de celebrar estas fiestas de forma que sin sacrificar el erario municipal –apurado como todo lo de España- revela en su regocijo que es un pueblo joven, lleno de entusiasmo y con las ilusiones naturales que siembra de flores la senda que la conduce al porvenir.

    Allá en America, las obras de arquitectura, escultura y otras artes tuvieron su génesis en pueblos como estos que han sido noviciados para la profesión en el templo del trabajo que allí hay.

    Moisés, el primer cronista del universo, el que ha hecho conocer a Dios, porque sin la crónica nada se sabría del Creador del Mundo, tiene en el Génesis grandes verdades que no han podido negar los siglos. Una de ellas es la división de las razas y la paternidad establecida entre los que hablan un mismo idioma y adoran en igual altar.

    El que suscribe propone a tan ilustre Corporación inicia para esa fecha los siguientes festejos:

PRIMERO: que se invite al vecindario, que desde el amanecer del día 12 hasta el término del mismo, a engalanar los balcones y fachadas de sus respectivas casas, así a iluminarlas durante las horas de la noche.

SEGUNDO: que se celebre una misa de campaña en la Explanada de Alfonso XIII con terminación de responso en sufragio del alma del insigne Colón, como así, de los esforzados y sabios varones que colaboraron y terminaron su portentosa obra.

TERCERO: que se suplique al comercio, a excepción de los establecimientos de recreo, la clausura del mismo desde las dos de la tarde hasta el siguiente día.

CUARTO: que la Banda Municipal ejecute un programa de su repertorio en la calle Real o Explanada durante las tres primeras horas de la noche de la citada fiesta.

QUINTO: que con la ayuda de Sociedades se haga un amplio reparto de pan y carne a los pobres.

    El cronista no se atreve a proponer más porque considera la falta de tiempo para la organización de los festejos, y por estar convencido de que no son las circunstancias actuales las más a propósito para gastar dineros en fiestas. La que se celebrará el 12 de octubre tiene algo de espiritual y con solo las revelaciones de afecto es suficiente.

    Ahora, haga la Corporación lo que sea más conveniente, creyendo que sus acuerdos merecerán, como siempre, la general aprobación.

La Línea a 28 de septiembre de mil novecientos diez y ocho.

Firmado:


Guillermo Sánchez  Cabeza.











domingo, 17 de marzo de 2013

Curiosidades del presupuesto Municipal de 1917


Capítulo 54


CURIOSIDADES DEL PRESUPUESTO MUNICIPAL


    Solo a título de curiosidad y para que podamos apreciar la distancia económica que existe entre el presupuesto municipal de 1917 y el que rige en este año del Centenario, vamos a citar los principales empleados que sostienen el Ayuntamiento y los sueldos que disfrutan.













    Al parecer, esta suma llega a redondear la bonita cifra de 150 000 pesetas si tenemos en cuenta algunas cantidades menores que no se incluyen para no hacer interminable y pesadísima esta lista de gasto que la curiosidad ha hecho que se copie.








sábado, 16 de marzo de 2013

Las Perras de Barba y el motivo de su recogida

Capítulo 53

LAS PERRAS DE BARBA


    Uno de los episodios que más ampliamente caló en el ánimo de los linenses fue el vulgar acontecimiento que todos recordamos como el de las “perras de barba”. Durante mucho tiempo protagonizó las comidillas en todas las tertulias, en las reuniones de cafés, casinos y tabernas, en toda clase de mentideros, incluso entre las ingenuas comadres, hasta que por fin, terminó su reinado en las letrillas candentes de las murgas carnavaleras.

    El suceso en sí no tuvo más importancia que el de un engaño más de los muchos que a diario se descubren en el mundillo de los negocios, para las musas hambrientas del pueblo le dieron un calibre mayor del que en realidad le correspondía, y pasó a ser algo insólito, digno de figurar en las crónicas históricas que la Clio de delantal y pantuflas pergueña para el anecdotario popular.

    En este rincón de la Baja Andalucía, la Geografía y la Historia crearon en los aspectos físico y político un ambiente cosmopolita en el que existían mezclados nacionalidades, razas, sectas religiosas y todo cuanto constituye diferencia de costumbres entre los hombres, sin que jamás, se produjese roces o problemas que tanto abundan en otros lugares similares del planeta. Cada uno iba a lo suyo y nada más. El signo imperante en este ambiente era el económico, porque todos giraban en torno del trabajo y el comercio. No había otros problemas, y si los hubiera habido serían secundarios.

    Era muy corriente ver ambulando por las calles de La Línea a negros procedentes de África, de nariz ensortijada, o diminutos ciudadanos del Celeste Imperio, de tez amarilla, o indostánicos de suave piel y blancos turbantes, o siberianos de rasgos mongólicos, o australianos corpulentos. En ocasiones parecía la ciudad como una avanzada de Babel, pero sin complicaciones de ningún estilo. Todo dependía de la variedad y cantidad de buques extranjeros surtos en la Bahía de Gibraltar.

    Algo parecido a esta mezcla ocurría con las monedas de uso corriente. En la vecina plaza existía entonces un número crecido de covachuelas regentadas por judíos, comercios de indios y Casas Bancarias particulares que efectuaban operaciones de cambio, de compra y venta con toda clase de divisas. Y no era extraño que circulasen a la par todas las monedas, de distintas nacionalidades, sin discriminaciones extrínsecas. Así, por ejemplo, en un duro en calderilla figuraban, además de las piezas españolas e inglesas en mayor proporción, otras monedas de otros países: belgas, francesas, italianas, marroquíes, portuguesas, etc.

    Al efectuar una compra o una venta poco se tenían en cuenta la acumulación de las monedas si en la operación la mayor parte de las piezas eran españolas e inglesas, únicas de curso legal. Las otras se toleraban por ser escasa la diferencia de valores entre sí.

    Sin embargo, en este estado de cosas, alguien entrevió un magnífico negocio, algo explotable en escala superior si se organizaba en todas sus facetas.

    Este alguien, según la voz popular, fue un banquero local que al mismo tiempo representaba una firma comercial denominada “Pérez Hermanos” y mejor conocida por Pérez y Laguillo.

    Al decir de las gentes, este banquero introdujo en La Línea monedas de cobre que compraba en los países cercanos: Portugal, Marruecos, Francia e Italia. Mezclaba las monedas extranjeras con las españolas en los paquetes de duros de calderilla y lo que antes fue proporción tolerante se convirtió en proporción abusiva. Las piezas extranjeras llegaron a circular libremente con la aceptación general de modo que aparentemente no perjudicaba ni beneficiaba a nadie, puesto que lo mismo se compraba y vendía con toda clase de monedas. El comercio seguía su ritmo y todo parecía ir viento en popa inflando el extraño negocio de los Pérez Hermanos.

    Más alguien se dio cuenta perfecta del asunto, tal vez el Banco Español de créditos    –único existente en la ciudad-, o quizás algún industrial al efectuar sus pagos en calderilla vio que le rechazaban las piezas que no eran de acuñación española, o, ¿por qué no?, bien pudiera haber sido el alcalde de aquellos días. La cuestión fue con sorpresa de todos, las autoridades publicaron un edicto exigiendo que se retirase de la circulación todas las monedas que no fueran españolas. El edicto indicaba que a fin de no perjudicar a los poseedores de dichas monedas se las canjearían por piezas españolas únicas de curso legal.

    Y lo que antes fue indiferencia en las gentes se convirtió lenta y progresivamente en hostilidad abierta contra la firma Pérez Hermanos, a quienes llegaron a insultar y apedrear la tienda de la calle Aurora, esquina a la de Ángel.

    La rápida intervención de los “serenos” acompañados de empleados del Ayuntamiento provistos de sacos y talegas repletas de calderilla española que cambiaron, a la par, por las monedas extranjeras, calmó los ánimos del público que por momentos se hacia más peligroso. Y el fulminante de la discordia se trocó motivos de bromas y chistes sin otra consecuencia que la de haber roto la monotonía pueblerina. ¡Ay, si todas las cosas se resolviesen de la misma manera!

    Y así terminó el negocio de las “Perras de Barba”, en apariencia inofensivo, pero que llevaba oculto en su seno el venenoso aguijón que tanto daño pudo causar a nuestra economía nacional.

                                                       A. CRUZ.